la recibo indignado por no poder sentirla sin el trozo de entraña que guardaba ilusión y magia.
Des Iluisonado, con pies en tierra y manos en alza, me prescribo unas notas dulces para paliar mi memoria sensible, acostumbrada a lo natural del tacto y su festival de sensaciones bellas...
Que coalición maravillosa es despositarnos en el espacio que media entre nuestros halitos.
Llego a destiempo a recibir tu disculpa, pero la acepto,
te entrego la redención que mi falta de orgullo al recibirte permite.